A prueba de selfie

Ser periodista tiene muchísimo más de bueno que de malo. A mí me apasiona mi profesión, aunque hay momentos que me puedo llegar a desapasionar de forma instantánea. Y entre lo malo, lo peor, el empeño de muchos en hacer del futuro de mi vida mi presente. En adelantar acontecimientos. Como ocurre cuando recibo una nota de prensa relacionada con el universo de la estética, que te envuelve en un mañana al que no tienes ningún interés en llegar. Me incomoda. Me angustia. El empeño que demuestran en hacer futurible el inevitable deterioro de mi cuerpo (del descerebro ni hablamos). En regodearse con mis penas. Que estoy haciendo la operación bikini y me avisan para que prepare para la “operación post-verano”. Pero si todavía no me he quitado las lorzas del antes como voy a pensar en las de después. Que mala idea, de verdad. Abro el correo y me estallan los nervios. En junio me dicen que en septiembre voy a ser una pura mancha. La mancha, me llaman. La que me ha salido por no protegerme debidamente del sol. La que va a someterse sí o sí a un tratamiento gracias al optimismo de ese comunicado que dice que si no “se va a oscurecer convirtiéndose en objeto difícil para su eliminación”. Pues casi mejor. La mancha me cubre arrugas y poros y me convierte en un rostro óptimo a prueba de selfie. Que es la prueba de la imprudencia por antonomasia. Máxime a mi edad. El maldito selfie. Tan de moda que para estar a la última, vas de jovencita y te encuentras con un monstruo en la pantalla de tu móvil. Repites y más de lo mismo. Incluso peor. Porque encima has posado a conciencia. Ni la mancha te cubre el paso de los años. Pero insistes. Seguro que la cámara está mal. Y venga a selfies. Y venga a disgustos. Hasta que pasas y comprendes. Que cualquier operación “post-verano” es buena. Incluso irremediable. Que necesitas todas. Vientre liso, rejuvenecimiento facial (más bien total) , regeneradora e incluso la que devuelve vitalidad a tu melena. ¿El problema? El mismo. Que cuando estás metida de lleno en el “post” te vuelven a avisar de un “pre”. El de Navidad. Ya lo he recibido. El mail que te “pre”para para estar perfecta en las fiestas. Qué angustia. Que me dejen. Que quiero vivir al día. Que desazón.

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