Estoy tan gris como el día. Acromática. Luminosidad media, por no decir nula. Exterior e interiormente. Grisácea, apagada, sin brillo, sin gracia, sin ningún matiz que indique un destello de luz que me transforme en un algo cromático. Lo intento y no lo consigo. No me pasa nada especial, pero así me siento. Me fusiono con el tono del cielo y me dejo llevar por una extraña melancolía que se apodera de mí. No quiero que se transforme en tristeza. No permito que se convierta en desidia. No puedo abandonarme al abandono porque he de cumplir con mis obligaciones. Cuánto me ha costado arrancar a escribir. Pero el tiempo pasa, la entrega acecha y estas palabras tienen que llegar a su destino antes de que el “cierre” sea un hecho consumado.
El temido límite con el que se encuentra cualquier periodista a la hora de entregar su trabajo para que arranque la primera edición del diario. Angustiado, soplando o resoplando, el profesional ruega por un escrito lo más digno posible mientras la obligación de acabarlo pesa como una espada de Damocles. Es la presión que oprime cada día a un escritor de periódico. La que actúa contrarreloj y consigue tantas veces que oficio e inspiración se fundan en un último esfuerzo para conseguir que el punto final de una crónica, un reportaje o una columna, se escriba en el último instante. Incluso en situaciones adversas. El cierre es el cierre. Estés como estés. Gris, opaca, melancólica. Como hoy. La culpa la tiene otro cierre. El del año que acaba. Al que puse el punto final hace ya tiempo. No tengo intención de resumirlo. No quiero mirar hacia atrás y comprobar como cierto el dolor de algunos hechos. Esa pérdida incomprensible, esa tristeza infinita, esa pena incuestionable. Lo que de verdad importa. Lo que deja en segundo o tercer plano otros hechos que hacen sufrir. Aunque sea una mentira que duele, una traición a tus espaldas, unas palabras que hieren. Pequeñas verdades importantes a las que hay que descargar de importancia. No merecen la pena. Pero no me tomen muy en serio. Hoy he desnudado mi alma porque no he sabido hacer otra cosa. Una mujer corriente con pensamientos corrientes. Deseando, por una vez, que llegue la hora de cierre. De este año acabado en 13. Les deseo todo lo mejor para el que viene. Feliz 2014.