Embajadora

La felicidad me embarga. Ya lo puedo contar a los cuatro vientos. Con orgullo y sin vanidad. Con alegría y con emoción. Tras largos meses de espera, mi sueño se ha visto realizado. Mi testa sirve más que para escribir. El rubio de mi cabello ya no es tan tonto. La edad no es un handicap. Las mujeres, a partir de los 50, tenemos vida. Mucha vida. Eso no hace falta ni que lo diga. Pero no todo el mundo nos valora. Menos si de ser la imagen de una marca de belleza se trata. Con 52 y sin arreglos, véanse mis líneas de expresión, Kérastase, la marca por excelencia del mercado de los tratamientos de pelo, ha tenido la gentileza de nombrarme Embajadora. Ni más ni menos. Sin excelentísima, solo faltaba, pero embajadora de su nuevo Ritual Protector del Color, que consigue que mantenga la intensidad del color durante 40 días. ¿Sabrán ellos la ilusión que me ha hecho? Yo postulándome para ser la imagen de algo, y al final mi rubia melena ha sido elegida. He empapelado mi casa con su PLV para que mi adorado “Él” me digo eso de que rubia, pero con el sentido correcto. Con orgullo. Porque antes de mí hubo otras, aunque quizás no tan importante. ¿La anterior? Kate Moss. Sin más.

Y por favor, por favor, no vean en mis líneas un asomo de vanidad pero es que la felicidad me embarga al ver cumplido mi sueño. Un sueño que casi se convierte en eterno al recibir el tratamiento en mi propio cuero cabelludo. Una auténtica experiencia multisensorial. Qué placer. Qué relax. Qué privilegio. Además de analizar mi cabello con un aparato ultra moderno y ver mis necesidades -yo creo que llegaron hasta la raíz de todos mis problemas-, me dejé seducir por una serie de masajes -sí, el cielo existe- y al tratamiento del que me han hecho Embajadora. Ay mis queridos amigos, mis amados lectores, perdonen mi osadía. No hay nada más feo en este mundo que hablar de uno mismo. Pero no me resisto. No ha hecho falta anunciar un yogur, la incontinencia se queda en mi verborrea, las pieles maduras para las que la tengan mejor. Pero, ¿y mi pelo? Ese pelo que mi madre escondía en mi niñez más lejana porque solo eran cuatro pelos, se ha convertido en lo mejor de mi físico con el paso de los años. Me ha hecho tener tratamiento de embajadora y unir mi vida a Kérastase por los siglos de los siglos. La mejor marca de cabello del mundo y Marta Barroso. Ya lo veo. Ya lo siento. A los 52 una está en su mejor momento. Gracias Kérastase. Gracias de todo corazón. Os dejo. Me voy a la “pelu”. A recibir una y mil veces ese tratamiento. El mejor del mundo. Muack

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