La vida no va de cromosomas

Es imposible no volver a escribir de ellos. Es imposible no sonreír con ternura cada vez que les escuchas hablar. Es imposible no quererles sin ni siquiera conocerles. Es imposible no caer rendida ante sus miradas, ante sus sonrisas, ante sus abrazos. Es imposible, sí, que todos estos niños y adultos que ayer celebraron su día, el Día Mundial del Síndrome de Down, no sean capaces de hacernos felices y sacar lo mejor de nosotros mismos. Hasta arrancarnos esas lágrimas especiales en las que se aúnan emociones de tan distinta índole que al brotar se hacen diferentes. Como las que siento caer al ver el vídeo realizado por Down España, en la campaña de la que robo el título para encabezar esta columna. La vida no va de cromosomas. No. Claro que no. Y para muestra las diez madres y sus diez hijos que demuestran sin fisuras que no existen diferencias entre el sentir de los niños que tienen un cromosoma de más y los que no lo tienen. Es impresionante. Y para que todos ustedes lo comprueben, les propongo un juego. Adivinen de que boca nacen los sentimientos hacia la que para ellos es la persona más importante del mundo. Su madre. Mirando a la cámara cada uno dice lo que piensa.“Mi mamá me da muchísimos besos. Y abrazos”. “Mi mamá me hace cosquillas”. “Es guapa, es mona, es bonica”. “Quiero mucho a mi mamá”. “Mi madre quiere lo mejor para mi”. “Mi mamá cuando estoy malito me hace pescadito con patatas”. “Es como una princesa” .“Mi madre me quiere, me cuida, me anima”. “Es un tesoro porque hay muchos niños que no la podrían tener”. “Le encanta achucharme”. “Mamá cuando me caigo me da besitos”. “Siempre ayuda a la gente”. “Mi madre para mí es el mundo”. ¿Sabrían distinguir? Imposible. Porque un cromosoma nunca será capaz de marcar la diferencia. De marcar la diferencia en cualquier relación materno filial. De definir el amor que sienten la una por el otro. Tanto es así, que me atrevo a hacerles otra prueba. Convencida, lo siento, de que tampoco la van a pasar. Hablan las madres, de unos y de otros, en el mismo vídeo. Al principio. Cuando les cuestionan como se ven en este papel, el más importante que les va a tocar vivir, dicen lo mismo que diríamos cualquiera. Tengan sus hijos, o no tengan, síndrome de Down. Porque todas somos y sentimos de la misma manera. “Tengo poca paciencia”. “Busco su felicidad” . “A veces soy muy blanda”. “Tendría que jugar más con ellos”. “Intentas hacer lo mejor posible pero nadie te enseña”.  “Soy muy gritona”. Hasta que, al ver lo que sienten sus hijos por ellas, se empiezan a quebrar. Como su voz. “Yo creo que no, que no lo estoy haciendo tan mal..”. No hay duda. Enhorabuena Down España. El vídeo (https://www.youtube.com/watch?v=26Tr1J6DqIw) es impecable.

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