Qué fogosidad

El cierre acecha y solo lloro. ¿Cómo escribir cuando las decepciones se encadenan y el desasosiego invade de tal manera mi universo que vivo sin vivir en mí y no sé como afrontar todo lo que me sucede? Desencadenadas por un denominador común, el fútbol, precisamente el deporte que me ha hecho crecer como persona, gracias a seguir con frenesí al equipo colchonero. Por si todavía no lo sabían. Aprovecho y lo digo. Al Atleti. Mi Atleti. El Atlético de Madrid. Al que amo con tal pasión que cuando me duele, me duele hasta el alma. Como ahora. Desvelada, noche tras noche, cuando los fantasmas de la oscuridad hacen que el dolor se agrande hasta convertirse en enfermizo. Arda. Arda Turan. La gran ilusión. La gran decepción. No comento. Allá él. Que no Él. Que es el segundo en discordia.

Tras 23 años de feliz “mártirmonio”  en su escueto comentar, todavía no sabría decir si es merengue o colchonero. Lo cual me preocupa. En grado extremo. Porque, dicho sea sin acritud, acabo de recibir un estudio de AshleyMadison.com -web líder en contactos extramatrimoniales-, que en su afán de informarme paraliza mi corazón cada dos por tres. Pobres, lo hacen con buena intención, pero a mi edad, pensar en una infidelidad, es tema de infarto. Que una no está ya para luchar con otra. Me centro. Que en mi desvarío me precipito y solo de pensarlo exploto. De rabia. Pero el fútbol, considerado por los españoles como el deporte rey cuenta con una de las aficiones más calientes y potentes de toda Europa. Como lo leen. Calientes y potentes. Y es la merengue. Por eso me incomoda pensar que mi Él es del Real Madrid. Y que haya sido capaz de formar parte de este estudio realizado entre casi 5.000 hombretones aficionados a este equipo. Y a otras cosas. Que no lo digo yo, lo dicen ellos. Los de Ashley Madison. “Los aficionados del Real Madrid disfrutan de algo más de 4 affairs al año, lo que les hace convertirse en los hinchas más fogosos de la liga española”. Toma ya. Qué fuerte. Temazo. Tendrán diez copas de Europa -lo cual me duele hasta escribirlo porque, como le pasa a mi amigo Alfredo, todavía no he superado el dolor de la décima- pero son unos golfetes. Con todos mis respetos. Qué fogosidad.

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