Traducción simultánea

“¿Está tu madre?”, imagino que dice una voz al otro lado del teléfono. “Sí”, contesta un hijo. “Pero se ha encerrado en su cuarto a oscuras. Ha sufrido un ataque de ansiedad al llegar a casa. Venía de una de esas comidas de amigas.”, dice con el tono de mofa tan típico de cualquier miembro de mi familia al referirse a mí. No oigo más. Ha sido un lapsus en la oscuridad. Intento recuperar mi estado normal. Es complicado. La tensión acumulada durante el tiempo compartido con mis amigas hace mella en mí. Que estrés. Lo que hay que hacer para conseguir tomar la palabra. Cada una va a colocar su rollo y la que no lo consigue, hace mutis por el foro, y se va prácticamente antes de llegar, de forma tan silenciosa que nadie se da cuenta. Siempre es la misma. La que para soportarlo toma un ansiolítico antes de ir. “¿Qué te estaba contando?” se oye preguntar a las diferentes voces del coro femenino. Graves, altas, bajas, chillonas. “La verdad es que no lo sé ni sé hasta que punto me importa porque se me va a olvidar, de hecho ya se me ha olvidado y no me acuerdo si lo que te quería contar yo era lo mismo”. Difícil conversación. A todas nos pasa lo mismo. Se oye un grito. “Creo que ha sonado la tripa”. Asentimos sin darle más importancia. La hemos entendido. Porque si hay algo que está claro es que, a estas alturas, digamos lo que digamos (cada vez más surrealista) ya no hace falta traducción. Somos nuestras propias intérpretes. Lo entendemos de inmediato. La que está más cerca se levanta, abre la puerta y se acabó. Lo que ha sonado es el timbre. Normal. Hablamos. De los maridos. Una dice que se niega a jugar al Facebook con él. Sabemos que se refiere al golf. Solo juega a eso. Lo que pasa es que otra estaba hablando sobre las redes sociales y se lió. No hay más. Otra comenta las gambas a la “champla” tan buenas que comió el otro día. Porque lo de cambiar las sílabas también se nos da bastante bien. Aunque no sea exacta. La de enfrente cuenta lo que le pasó una vez por equivocarse. Rigurosamente cierto. Quiso decirle al masajista (hombre) que le molestaba la zona del coxis y le dijo clítoris. “Dale fuerte que tengo un nudo por ahí seguro y así me lo vas quitando”. Sin más.

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