Un año más

 

Acaba el año. El que rige al mundo entero. Menos a mí. El mío acaba en agosto. Y se estrena en septiembre. Siempre he tenido esa sensación y ahora no voy a cambiar. Pero el legal se acaba hoy. En toda civilización. Entendida ésta como sociedad compleja. Sobrevuelan los propósitos incumplidos. Esos que jamás se van a cumplir. Excepto en casos excepcionales. Los raros. Los seres humanos más fuertes. Los que son capaces de realizar cualquier reto que se propongan. No me incluyo entre ellos. Soy débil e inconstante. La fuerza de voluntad solo se hace presente en mí para determinadas cosas. Escasas, pero importantes. Pero no me prometo nada a mí misma. Prefiero que la vida me lleve inconscientemente por los derroteros que elija. Feliz año nuevo. Una frase hecha y dicha con todo el cariño del mundo, que normalmente arranca un “igualmente” incluso en aquellos a los que les cuesta ser amables. Los que no conocen el poder de una sonrisa. El arma más eficaz para llegar a la raíz de cualquier corazón endurecido. Capaz de desenmascarar la sensibilidad más escondida. Se acaba el 2014. Para mí un año bueno, porque todo sigue igual. Aunque haya llorado por algún amigo. Pero nada me ha cambiado de forma directa. Todo en su sitio. Las alegrías, los sufrimientos, las incertidumbres, la comprensión, la incomprensión, las ilusiones, las desilusiones. La salud. Lo más importante. Por muchas veces que lo repitamos. Te cortas un dedo y esa pequeña herida te duele y se hace presente. Un simple corte. Pero no le damos la suficiente importancia hasta que nos toca de cerca. O de lejos pero a tu lado. Un cáncer, un accidente, una enfermedad fulminante. Lo que sea da un vuelco a la vida y deja a las familias heridas para siempre. Mutiladas. Cuando es la ausencia de un ser muy querido. Descolocadas ante el dolor salvaje que llega sin avisar. Demasiado corazón partido. Frente a esto, la vida. La de un nuevo ser que nace para contagiar alegría. Para demostrar desde su cuna que la felicidad existe. Para empañar con su risa, limpia y natural, los escondites más recónditos de una pena. La vida. La muerte. Que rápido pasan los años. Otra vez, una vez más, las uvas, la cena, el brindis. Feliz año nuevo. Queridos amigos. Queridos lectores. Que el 2015 llegue lleno de alegrías y vacío de penas.

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