“Yo”, denominación de origen

No se que me deprime más: que los días sean tan cortos o el árbol de Navidad. La oscuridad me bloquea. El árbol también. Tanto la una como el otro cortan mi creatividad de cuajo y ante ellos soy incapaz de inspirarme. A la primera me someto dócilmente, no me queda más remedio, y al segundo me someto violentamente. Es mentarlo y sufrir una convulsión. Me supera. No por altura –es enano para horror de mis hijos -, sino por lo que significa para mí. El dedo acusador que me recuerda que soy una inepta. El testigo impertinente que me delata ante mis seres más queridos. El objeto indeseado que me obliga a poner el cartel de “prohibido visitas” hasta que se acaban las fiestas. Todo antes de que nadie vea mi obra de arte. La misma que, año tras año, intento mejorar y solo empeoro. “Pero mamá que horror”, dicen mis hijos espantados. “Es ridículo. Para eso no pongas nada”. Entonces salto, me transformo, me convulsiono y la Chucky que hay en mí se manifiesta. Les insulto -estoy segura-, y como en una pesadilla les recuerdo paso a paso que he sido “yo” la que he subido al trastero, que he sido “yo” la que he cogido la caja, que he sido “yo” la me he ocupado de “todo” y que si no les gusta –lo que al menos me confirma que tienen buen gusto- que lo hagan ellos. O su padre. Por poner un ejemplo. Porque el arbolito, y todo lo que éste conlleva, es el anuncio de que cualquier mujer que se precie de serlo deja su condición humana en estas fechas para convertirse en un robot automatizado al servicio de todos. Desde hoy. “Yo” (denominación de origen), “además de”, pongo el nacimiento, compra el musgo, me cargo el suelo, arreglo el suelo (antes de que me carguen a mí), hago el río, pongo a sus Majestades los Reyes (lo que me recuerda que “yo” debo hacer la lista de todos sus regalos, “yo” debo asesorar a sus Majestades, “yo”, debo ayudarles a envolver sus presentes, si serán vagos) y cuando todo parece que mantiene un equilibrio llega el perro, Bruce (mi Bruce) y de un coletazo se carga el invento. Me abrazo a él y lloro. Es el único que de verdad me comprende. Feliz Navidad.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*